EL ECONOMISTA SMITH-HAYEK: DEL CARÁCTER A LA IDENTIDAD

Por Daniel B. Klein

Library of Economics and Education
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5 de marzo del 2007


Los economistas políticos, en general, sospechan mucho de la intervención gubernamental. Ven en ella inconveniencias de todos los tipos ̶ una disminución de la libertad individual, de la energía, de la prudencia y de la experiencia, los que constituyen los recursos más valiosos de cualquier sociedad. Por tanto, a menudo sucede que ellos se oponen a esta intervención. Frédéric Bastiat ([1848], p. 207. En línea par. 7.59.)

En la primera mitad del siglo XIX, la principal figura de la economía política en Francia fue Jean-Bapiste Say, quien satisface la descripción arriba ofrecida por Bastiat y venerada por Adam Smith. El término “economista identificaba características que eran esenciales para Smith y Say. Cuando Bastiat ingresó al debate, él asumió la identidad de “economista,” como un carácter opuesto al intervencionismo.

En la actualidad, cuando usted escucha que alguien es un “economista,” la única cosa de la cual usted se siente seguro es que él o ella tienen un título de postgrado en “Economía” o un trabajo con el nombre de “economista.” Aún cuando los economistas todavía comparten algunas ideas y formulaciones básicas, a menudo difieren en aspectos importantes, incluyendo las sensibilidades que motiva su trabajo, las suposiciones acerca de lo que es bueno para la sociedad y los juicios sobre políticas que vienen asociadas.

Tal vez un diez por ciento de los economistas de los Estados Unidos comparte el carácter amplio representado por Smith, Say y Bastiat. ¿Tendría sentido para ellos distinguir su carácter de alguna otra forma? ¿Tendría sentido para ellos cultivar una identidad adecuada? En este ensayo, exploro la heterogeneidad de tipos de caracteres en economía, delineo el carácter “Smith-Hayek” y explico por qué podría ser beneficioso para ese carácter establecer una identidad que funciona tanto en la cultura profesional como pública.

EL ECONOMISTA “NORMAL”

La gente parece tener una necesidad de definir y juzgarse a sí mismos como seres que trascienden lo bestial, y eso también es válido para los economistas. Estos tienen propósitos qua economistas, propósitos relacionados con servir objetivos, causas, valores e ideas.

Si se les pregunta, la mayoría de los economistas probablemente dirían que ellos están sirviendo a la sociedad al servir a la ciencia. Para servir a la ciencia, ellos siguen costumbres, estándares y prácticas de la economía académica. En la sociología de la ciencia, los estándares y practicas dominantes, establecidos, de una comunidad escolástica son, algunas veces, llamado la “ciencia normal.” Hacer “ciencia normal” es mantener su nariz en la piedra de afilar científica. Tal vez, la característica dominante del economista normal es una tendencia de mirar a la profesión -sus revistas “de mayor reputación,” los departamentos o escuelas “más reputados- para determinar qué tipos de actividades y propósitos son meritorios. El carácter “normal” en economía siente una lealtad considerable a la cumbre de la pirámide de la economía.

La moralidad práctica de las prácticas “normales” se adoptan e internalizan sin mucho escrutinio crítico. Pensando en su objetico como simplemente “científico,” los economistas no críticos de hecho están suponiendo y adoptando los juicios sustantivos particulares implícitos en las prácticas normales. [1]

Dentro de la profesión del economista, hay subtipos oficialmente reconocidos, divididos por el estilo de la investigación y por el “campo” o área del tópico. Común entre muchos de esos subtipos es la imagen de economistas como ingenieros sociales, quienes pueden identificar problemas con la economía del laissez-faire y, luego, resolverlos. La inculcación de este tipo de carácter se refleja, por ejemplo, en el vocabulario convencional de “fracaso del mercado,” dando a entender la inhabilidad del laissez-faire para lograr una noción abstracta y normal de perfección.

La terminología de “fracaso” no sería tan objetable si se aplicara la lógica simétricamente, de forma tal como definir el “fracaso del gobierno” como la inhabilidad del gobierno para lograr la misma perfección. (En ese caso, todos podríamos estar de acuerdo con la inferencia insustancial de que todas las instituciones fracasan.” Pero, un poco de experiencia con la economía normal muestra que el “fracaso del mercado” es una categoría analítica fundamental en economía, mientras que el “fracaso del gobierno” escasamente se usa, y, cuando es usado, con mayor frecuencia lo es en un sentido de fracaso en lograr sus objetivos o fracaso en comparación con otros arreglos institucionales (imperfectos).

Entonces, incorporado en la ciencia normal es un patrón doble que está prejuiciado contra los mercados libres. Otros aspectos de la economía “normal” está prejuiciados contra los mercados libres. Por ejemplo, en la construcción de modelos, el modo exaltado de discurso tiene a eclipsar algunas de las virtudes importantes de los mercados libres. Diría incluso que la construcción de modelos tiende a hacer nugatoria la misma idea de libertad ̶ esto es, la idea de libertad es vital porque la vida no es como un modelo en equilibrio.

Los economistas se ven a sí mismos como libres de carácter. Pero, una vez que la economía normal se sujeta a la crítica y al escrutinio, encontramos normas. Vemos que nos un economista “libre de carácter” y que la idea de no tener un carácter no tiene sentido. La disciplina está poblada de economistas de diferentes tipos de carácter.

SMITH-HAYEK: UNAS POCAS CARACTERÍSTICAS

Uno de los caracteres amplios y venerables es aquel de Adam Smith y and Friedrich Hayek ̶ y de Hume, Say, de Tracy, Bastiat, de Molinari, Menger, Böhm-Bawerk, Schumpeter (más o menos), Mises, Cassel, Wicksell, Heckscher, Leggett, Perry, Cannan, Hutt, Röpke, Hazlitt, Seldon, Rothbard, Simon, Bauer, Friedman, y cientos de otros economistas que ya no más están vivos y que todavía son asequibles a los lectores, incluyendo a Buchanan, Tullock, Coase, Brittan, Becker (más o menos), Sowell, Kirzner, McCloskey, V. Smith, North, Gwartney, y Williams.

Las características Smith-Hayek incluyen las siguientes:

  • Una tendencia a hacer una distinción clara entre acción voluntaria y coercitiva al formular muchas categorías, principio y argumentos económicos básicos;
  • Un precio de que el conocimiento no es tan sólo información, sino también una interpretación y un juicio y, como tal, es altamente particular del individuo y del momento; es esencial que los humanos se equivoquen, en el sentido de que ellos se pateen a sí mismos por haber interpretado o juzgado mal;
  • Un sentido de que la economía debe ser relevante y servir propósitos sociales, y que tal servicio necesariamente implica un involucramiento fuerte con no economistas, notablemente legos y quienes formulan las políticas;
  • Una susceptibilidad de que la realidad económica es increíblemente compleja, inspirando abstenerse de esfuerzos por pintar una imagen de la economía o de como funciona “en la realidad;”
  • Una visión sobria, no romántica, del gobierno ̶ puesto que la realidad económica es escasamente conocible, deberíamos tener cuidado con aquellos que pretenden manipularla ventajosamente;
  • Una suposición a favor de la libertad, no del statu quo.
Las características de Smith-Hayek de ninguna forma son las típicas de los economistas de la actualidad. Como alguien quien comparte esas características, me pregunto si los economistas Smith-Hayek podrían hacerlo mejor. Tal vez, ellos lo harían mejor si crearan un “nosotros” efectivo.

IDENTIDAD: CARÁCTER IDENTIFICADO, AFIRMADO, PROCLAMADO

Aquellos del “mismo sentir” o de “alma afín” comparten nuestros propósitos. Con ellos tenemos un sentimiento de fraternidad. Todos son familia en cuanto al carácter.

Ayuda ser capaz de identificar la familiaridad. Por ejemplo, en los Estados Unidos previo a la Guerra Civil, los proponentes la emancipación inmediata de todos los esclavos, se identificaron a sí mismos como “abolicionistas.” No todos los abolicionistas estaban de acuerdo en cada aspecto de la lucha. Pero, la identidad abrazadora de “abolicionista” facilitó el descubrimiento, la movilización y la cooperación. Y, en efecto, es arma de doble filo, pues sus oponentes también les llamaron abolicionistas y algunas veces usaron la violencia contra ellos. “Abolicionista” fue visto como una identidad, como lo que uno muestra cuando se le pregunta por una “cédula de identidad.” El nombre de alguien es una etiqueta, pero es también una identidad que funciona en sociedad.

Una identidad no es tan sólo una etiqueta con la cual usted se siente cómodo. Como dice el diccionario, es un aspecto mediante el cual las características son reconocibles o conocidas definitivamente. Es un nombre que funciona abiertamente, sin importar el contexto.

EN LA PERIFERIA

En economía, la familia Smith-Hayek tiene un problema. Que el carácter pueda ser justamente bien dibujado es una opinión que aquí no debería desviarnos. Pero, el carácter no tiene una identidad adecuada. Hay un carácter Smith-Hayek, compartido por miles. Pero, no hay una identidad Smith-Hayek.

Algunas veces tal economista se llama a sí mismo “economista de libre mercado,” Algunas veces, el puede llamarse a sí mismo un “Smithiano” o un “Hayekiano.” Algunos pueden decir “Austriaco” (“Austrian.”). Algunos simplemente dicen “economista.” Ninguno de esos funciona como una identidad.

“Economista de libre mercado” induce al error. En primer lugar, parece insistir en que los mercados son absolutamente libres. En segundo lugar, parece querer significar cualquier economista que favorece los mercados libres, sin que se tomen en cuenta otros aspectos de su carácter. Aunque todos los economistas Smith-Hayek tienden a favorecer mercados más libres, no todo economista de libre mercado comparte el carácter Smith-Hayek. Jóvenes entusiastas libertarios a menudo tienen fórmulas simples que necesitan ser superadas para que crezcan en un carácter Smith-Hayek. Y, más allá en el camino de la vida, un economista maduro quien nunca hizo investigación relevante o significativa y, en vez de ello, sólo practicó y afirmó explicaciones áridas de ciertos modos escolásticos de discurso y desaprobó el escrutinio de la ciencia normal, no sería un economista Smith-Hayek, sin importar qué tan fuertemente él favorecía los mercados libres. Estas razones hablan contra el “economista libertario” y el “economista liberal clásico.” Con todo, otro problema con tales nombres es que, si bien el carácter es franco, es sólo demasiado agresivo en cuanto anunciar opiniones políticas en nombre de la identidad.

“Economista austriaco” tiene cierto posicionamiento intelectual, pero, de hecho, esa identidad habla de características algunas de las cuales entran en conflicto con Smith-Hayek. Es más, “austriaco” significa de Austria. Una vez explicado, es terriblemente retrospectivo ̶ la última vez que un economista austriaco nació en Austria fue en el siglo XIX. Estos problemas y otros hacen que sea un fracaso en la cultura pública.

Muchos economistas Smith-Hayek piensan acerca de ellos mismos simplemente como “economista.” Pero, “economista” simpliciter no es bueno. La mayoría de la gente convencional e institucionalmente reconocidos como “economistas” tienen una gran varianza con respecto al carácter Smith-Hayek. La mayoría no mantiene la presunción de Smith de la libertad. Es dudoso que incluso la mayoría se subscribe a la concepción de libertad de Smith. En cuanto a sus decisiones relacionadas con preguntas de investigación, modos de discurso, audiencias a las cuales dirigirse, etcétera, la mayoría de los economistas están en contradicción con la economía de Smith-Hayek. Por ejemplo, la economía normal exalta la construcción de un modelo de equilibrio a tal grado que para él le reserva una palabra muy importante –“teoría”- como si una explicación o cuerpo de análisis no vale como para ser llamado “teoría,” a menos que tome la forma de un modelo matemático. Otro ejemplo: Muchos economistas evitan cualquier tipo de discurso económico y desprecian a aquellos que se involucran con el público.

Aún más, “economista” simpliciter niega uno de los propósitos primordiales del economista Smith-Hayek: esclarecer que los caracteres de economista son múltiples y en conflicto. Tal vez en los días de Smith o de Bastiat funcionaba “economista político”, pero esos días hace mucho tiempo se alejaron.

Smith-Hayek necesita ir de carácter a identidad. Eso dependería críticamente de la admisión, el establecimiento y la publicidad de la heterogeneidad de caracteres dentro de la economía. Tan sólo si la heterogeneidad es reconocida, se hace posible lograr el reconocimiento amplio del carácter Smith-Hayek. Como identidad establecida, la competencia entre eso y las identidades alternativas sería más significativa y productiva. Las ideas de Hayek acerca de la competencia como un procedimiento de descubrimiento también se aplican a la cultura.

PARA EMPEZAR, ESO NECESITARÍA UN NOMBRE

El desarrollo de una identidad -que funciones tanto en la cultura profesional como en la pública- requeriría de un buen nombre. En la realidad, “Smith-Hayek” no es uno que propondría. Para empezar, depende de si se entiende bien a Smith, y eso no es un asunto menor. Segundo, probablemente nunca es buena idea edificar sobre las identidades de individuos (a pesar del éxito de “Cristiano”). Por supuesto que no todo está en Smith y Hayek, y ellos también eran falibles. Aún más, dirán algunos, ¿por qué no Smith-Friedman? Etcétera.

En este ensayo, he recurrido a un término (“Smith-Hayek”) que yo ni siquiera nominaría. Eso habla del propio problema que enfrentamos. Yo no tengo grandes sugerencias. Aquí el asunto es la necesidad de identidad. Si eso es algo en lo que la gente Smith-Hayek está de acuerdo, pueden subsecuentemente seguir el tema de buscar un nombre.

Un buen nombre es tan sólo un primer paso. Lo que tendría que seguir es la institucionalización: usar y promover la identidad en los nombres de revistas, asociaciones, programas, etcétera. Aquí los Austriacos son un ejemplo. Murray Rothbard e Israel Kirzner tenían visiones de una identidad Austriaca, y sus seguidores han seguido esas visiones en revistas, series de libros y asociaciones llamadas “Austriacas.”

ABRAZANDO LA HETEROGENEIDAD (SI BIEN SIN EXAGERAR)

Los Austriacos rápidamente abrazaron la heterogeneidad. Su audacia y temeridad marcó muchos caminos, incluyendo la crítica importante del otro, tipos dominantes en economía.

El grupo Austriaco también pude haber tendido a atraer a libertarios confusos y a inadaptados (¿incluyéndome a mí?). Desde mi punto de vista, a menudo se sobregiró en las distinciones y sobredimensionó las diferencias. A menudo estableció restricciones que no sólo los separó de la mayoría de los economistas convencionales, sino que también a la mayoría de aquellas que estaban dentro de la tienda más amplia Smith-Hayek.

No obstante, dentro de esa tienda más amplia, hay una actitud contraria ̶ una actitud a la cual yo estoy más ansioso de apelar aquí. Es la tendencia entre muchos economistas Smith-Hayek de resistir la heterogeneidad, a partir de un deseo para abordar a jóvenes estudiantes o lectores que simpatizan con la autoridad de la ciencia económica.

Al enseñar los cursos introductorios de economía, muchos se rehúsan a admitir que los economistas difieren. Admitir la heterogeneidad es invitar a la duda de lo que dice este economista en particular y, posiblemente, acerca de la forma en que enseña el curso.

El discurso es contextual y permite algún espacio. El punto aquí es que más allá de la iniciación de jóvenes y la edificación del “coro,” los economistas Smith-Hayek enfrentan desafíos que llaman a abrazar la heterogeneidad. Los estudiantes de economía avanzada saben que la mayoría de los economistas tienen caracteres que difieren significativamente de Smith-Hayek. En cuanto al público en general, escucha que, si usted pone a todos los economistas de extremo a extremo, todavía ellos no arribarían a una conclusión.

Si bien en algunos contextos usted puede desear invocar la ciencia económica, recuerde todas las clases y foros públicos de los que usted no fue parte y que son conducidos por economistas prestigiosos de otros tipos. Ellos también subestiman la heterogeneidad y alegan para sí la autoridad de una ciencia económica unificada ̶ por ejemplo, en prestigiosas revistas como The Journal of Economic Literature y en medios populares como The Economists’ Voice, editado por Joseph Stiglitz, Bradford DeLong y Aaron Edlin. En sus manos, la presunción de un carácter homogéneo es peligrosa y se vería debilitada si gente en otras partes de la cultura acentuaran la heterogeneidad.

Si la gente asume que la economía tiene un carácter homogéneo, un economista puede alegrar mejor que representa ese carácter entre más prestigiosos sean sus logros, honores y posición. En la batalla por las credenciales de la identidad “economista,” los economistas Smith-Hayek generalmente son superados. Se ha hecho mucha investigación acerca del carácter de los economistas académicos y de su estructura cultural y social, encontrando todos que el carácter Smith-Hayek tiene poca presencia o vitalidad en las revistas y departamentos más prestigiosos. Hay figuras notables como Milton Friedman, Gary Becker y mis colegas Nobel Vernon Smith y James Buchanan aquí en la Universidad George Mason, un bastión de los muchachos Smith-Hayek. Hay unas pocas figuras promisorias más jóvenes como Edward Glaeser y Jeff Miron. Pero, de otra forma, el carácter Smith-Hayek sólo se asoma en las sombras de los más prestigiosos programas de postgrado, facultades, asociaciones, libros de texto y revistas. Ese carácter es más fácilmente ignorado o menospreciado por ser de la “periferia,” en tanto prevalezca la preconcepción de homogeneidad.

Si, en vez de ella, se abraza y se publicita la heterogeneidad, se carácter puede proclamar una identidad respetable, posicionándose como una entre un conjunto de tipos de caracteres, ninguno considerado como definitivo o autoridad dentro de la economía.

La identidad reduce los “costos de transacción” de encontrar y cooperar con los de la familia, rindiendo los frutos de la identificación, reclutamiento, movilización y organización. Aclara el mensaje y envalentona al espíritu. Pero, aún más, al romper la preconcepción de la homogeneidad de carácter, puede alterar los términos del discurso. En un extremo, una disciplina puede tomar la forma de una estructura escolástica de creencia establecida dispensada por sacerdotes hacia las masas. En el otro, puede tomar la forma de una conversación y debate equitativo. Establecer una identidad Smith-Hayek puede ayudar a mover a la ciencia económica en dirección orientada por el debate.

También, abrazar la heterogeneidad tiene la virtud de ser abierto y honesto acerca de diferencia importantes que existen en realidad. Esas diferencias tienen mucho que ver con algunas formulaciones básicas que usamos en nuestra economía. Hay franqueza e integridad en ser abierto acerca de las diferencias. Encuentro que, al enseñar a estudiantes de diecinueve años de edad, y les cuento acerca de que mis juicios sobre algunos asuntos no son aquellos de todos los economistas, ellos lo aprecian. Admitir la heterogeneidad le permite a uno expresar los juicios de uno con mayor libertad y plenitud, para ir más allá de los límites del pensamiento convencional, para caracterizar de verdad un manera penetrante y poderosa de entender al mundo.

El abrazo de la heterogeneidad es una cuestión de grados. Las diferencias proclamadas no se necesitan que sean tan grandes como para no dejar lazos de entendimiento y propósito en común entre Smith-Hayek y los economistas “normales.” Todos los economistas todavía pueden acerca de muchas cosas básicas, como el énfasis en pensar acerca de los incentivos individuales tal como estos entienden la situación. Ese punto de vista es común a la mayoría de los economistas y conduce directamente hacia las ideas de escasez y del intercambio. Tales características continuarán uniendo a los economistas. De hecho, probablemente es justo decir que, durante los últimos veinte años, los economistas “normales” han apoyado más la enseñanza del poder del beneficio mutuo del intercambio, como generador de una mejora social. También, durante ese período, el prestigio de la construcción de modelos matemáticos se ha reducido un poco en su nivel.

DESDE EL CARÁCTER HACIA LA IDENTIDAD

Reconozco que en los Estados Unidos alrededor de un 10 por ciento de los economistas calza en el carácter Smith-Hayek. Cientos de ellos son miembros de la Asociación de Educación sobre la Empresa Privada, la Sociedad de la Elección Pública, la Asociación de Economistas del Sur de los Estados Unidos y la Sociedad para el Desarrollo de la Economía Austriaca.

Se dice a menudo que la persuasión política de uno rara vez cambia después de los treinta años de edad. Ese truismo es probablemente reflejo de un hecho más general: En las edades maduras de uno, raramente hay un cambio significativo de cualquier particularidad de carácter y de identidad.

Sin embargo, las virtudes del carácter Smith-Hayek continuarán hablando a los miembros de la nueva generación. El poder de Smith-Hayek depende, en parte, de si ellos lograr una identidad efectiva de ese carácter.

LECTURAS RECOMENDADAS

Bastiat, Frédéric. 1995 [1848]. Selected Essays on Political Economy. Traducido por S. Cain., editado por George B. de Huszar. Irvington-on-Hudson, NY: Foundation for Economic Education.
Buchanan, James M. 1979. What Should Economists Do? Indianapolis: Liberty Fund.
Coase, Ronald H. 1975. “Economists and Public Policy.” En Large Corporations in a Changing Society. Editado por J. Fred Weston (New York: New York University Press). Reimpreso en Coase, Essays on Economics and Economists. Chicago: University of Chicago Press: 47-63. Reimpreso en Klein 1999b: 33-52.
Hayek, F.A. 1944 (conferencia). “On Being an Economist.” Publicado por primera vez en Hayek, The Trend of Economic Thinking: Essays on Political Economists and Economic History. Editado por W.W. Bartley III & Stephen Kresge. Chicago: University of Chicago Press, 1991: 35-48. Reimpreso en Klein 1999b: 133-49.
Hutt, W.H. 1936. Economists and the Public. London: Jonathan Cape. Reimpreso en 1990 (New Brunswick, NJ: Transaction Publishers). Las páginas 34-37, 207-17 del libro se reimprimen en Klein 1999: 53-68.
Klein, Daniel B., editor. 1999. What Do Economists Contribute? New York: New York University Press. Ver Books authored or edited by Dan Klein
Klein, Daniel B. & Charlotta Stern. 2007. “Is There a Free-Market Economist in the House? The Policy Views of American Economic Association Members,” American Journal of Economics and Sociology, Próximamente. Working paper.
Nelson, Robert H. 2004. “Scholasticism vs. Pietism: The Battle for the Soul of Economics.” Econ Journal Watch 1(3), Diciembre: 473-497.
Tullock, Gordon. 1984. “How to Do Well While Doing Good!,” conferencia brindada a principios de la década de 1970 en Virginia Polytechnic Institute. Publicado en David C. Colander, editor, Neoclassical Political Economy: The Analysis of Rent-Seeking and DUP Activities (Cambridge, Massachusetts: Ballinger Publishing Company, 1984), p. p. 229-240. Reimpreso en Klein 1999: 87-103.

NOTAS AL PIE DE PÁGINA

1.
Ver, Isaiah Berlin, “Historical Inevitability,” (1954), reimpreso en Berlin, Four Essays on Liberty, p. p. 41-117 (Oxford: Oxford University Press, 1969), 115-116.

Daniel Klein es profesor de economía en la Universidad George Mason y editor principal de Econ Journal Watch.