Léanlo, porque ya viene la etapa aquí de tratar de excusar a las medidas socialistas implantadas en Venezuela, por su responsabilidad en hundir a ese pueblo en una miseria abyecta (excepto por la nueva clase) y tratar de culpar de ello a cualquier cosa menos a aquellas.

ES AL SOCIALISMO Y NO A LAS SANCIONES AL QUE SE DEBE CULPAR POR LA MISERIA EN VENEZUELA

Por Kristian Niemietz
Fundación para la Educación Económica
Miércoles 30 de enero del 2019


NOTA DEL TRADUCTOR: Para utilizar los ligámenes de las fuentes del artículo, entre paréntesis, con letra subrayada, si es de su interés puede verlo en https://fee.org/articles/socialism-n...zuelas-misery/

El entusiasmo con el que sus porristas en Occidente apuntan el dedo hacia otro lugar, simplemente muestra cuán completamente esa gente ha fallado en entender cualquier lección, en la manera que sea, de su largo flirteo con el socialismo.

En términos de su recepción por intelectuales en Occidente, los experimentos socialistas usualmente pasan por tres etapas distintas.

TRES ETAPAS DEL SOCIALISMO

La primera etapa es el período de luna de miel, período en el cual el experimento muestra algún éxito inicial, y los intelectuales se deshacen en elogios hacia él. La segunda etapa es el período de las excusas y de dar explicaciones de por qué, durante el cual (during which)… bueno, la clave está en el nombre. En algún punto, los fracasos del sistema son tan obvios, y tan ampliamente conocidos, que llega a ser una situación embarazosa para la causa socialista. Es aquí cuando entra la tercera etapa, y final: la etapa del socialismo no verdadero (not-real-socialism). Los intelectuales occidentales ahora alegan que el país en cuestión nun

Este es el modelo que describo en mi próximo libro Socialism: The Failed Idea That Never Dies. Es un modelo que, al menos por el momento, la izquierda en Occidente ha seguido al dedillo en Venezuela. La cronología es tal como sigue:

  • 2005-13: el período de luna de miel
  • 2013-15: el período de las excusas y de dar explicaciones de por qué
  • 2015-17: un vacío entre dos períodos, caracterizado por un silencio incómodo
  • 2017-al presente: el período del socialismo no verdadero
No obstante, en los últimos días, Venezuela parece que temporalmente ha retrocedido a la segunda etapa. Al menos en los medios sociales, el consenso parece ser que la economía de Venezuela sería un éxito avasallador, si no fuera por la interferencia externa de parte de poderes capitalistas hostiles.

TRASLADANDO LA CULPA

El Dr. Aaron Bastani, autor de Fully Automated Luxury Communism, señaló que “Principalmente debido a las sanciones, la economía de Venezuela se ha encogido un 50 por ciento durante los últimos cinco años.” (“Primarily because of sanctions Venezuela’s economy has shrunk by 50 percent in the last five years.)

En un par de minutos, estas sanciones deben haberse intensificados de nuevo, porque luego el Dr. Bastani actualizó su importancia relativa, que pasó de “principalmente” a “enteramente”: “La caída del PIB (en esta escala histórica) se debe enteramente a causa de las sancione, sí.” (“The fall in GDP (on this historic scale) is entirely because of sanctions, yes.”)

Una carta abierta en el periódico The Guardian (An open letter in The Guardian), firmada John McDonnell, Diane Abbot, Richard Burgon, Laura Pidcock, Clive Lewis, Dennis Skinner y Chris Williamson, Owen Jones, Ken Livingstone y otros, habla menciona un “intento de los Estados Unidos por cambiar de régimen,” que lo ligó con “los gobiernos de extrema derecha de Trump y Bolsonaro.” Uno puede tener la impresión de que, de ninguna manera, había oposición doméstica hacia Maduro.

Una carta similar, más explícita (A similar, more explicit letter), publicada en Portside, firmada por Noam Chomsky, Mark Weisbrot y 68 otros académicos estadounidenses, alegó que “los Estados Unidos y sus aliados, incluyendo… el presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, han empujado a Venezuela al precipicio.” La carta pone el peso de la culpa por las múltiples crisis de Venezuela, en los umbrales de los Estados Unidos, especialmente, de nuevo, sobre las sanciones.

La mayor parte de los nombres en el pie de esas dos cartas son conocidos: Hasta que Venezuela pasó de moda hace unos pocos años, esta es la gente (these are the people) que solía ser la más confiable porrista de Chávez y Maduro. Ahora está de nuevo reavivando una vieja llama. Parece que un viejo amor no se herrumbra.

Pero, ¿qué son exactamente esas “sanciones” ante las cuales nuestros reincidentes chavistas se están agitando tanto?

LA VERDAD ACERCA DE LAS SANCIONES

En el grado en que, en verdad, apenas las hay, las sanciones sobre Venezuela son un fenómeno muy reciente. Hasta mediados del 2017, para nada había sanciones económicas (there were no economic sanctions) contra Venezuela. Había sólo sanciones personalizadas (congelamiento de activos e impedimentos de viajes), dirigidas contra un puñado de los principales funcionarios venezolanos. Sanciones de ese tipo pueden tan sólo afectar a los propios individuos focalizados. Ellas no podían de manera alguna tener un efecto sobre la economía venezolana en general.

Fue sólo en agosto del 2017, cuando el gobierno de los Estados Unidos introdujo una medida que uno podría razonablemente describir como una sanción económica: Ellos prohibieron la compra de bonos del gobierno de Venezuela, así como bonos emitidos por la empresa petrolera estatal de Venezuela. Un año más tarde, eso se extendió a otras entidades poseídas o controladas por el gobierno venezolano.

No obstante, no hay restricciones al comercio (al menos ninguno del lado de los Estados Unidos). Si usted es un ciudadano estadounidense o propietario de una empresa basada en los Estados Unidos, puede comerciar tanto como quiera con Venezuela. Les puede vender comida, medicinas, productos sanitarios, herramientas, electrónicos, maquinaria, lo que se imagine. La única cosa que usted no puede comprar es un bono (cuasi)gubernamental.

Aún así, esto no es una prohibición absoluta (hay excepciones) y, obviamente, sólo es aplicable a ciudadanos y empresas estadounidenses. Si, por ejemplo, usted es británico, alemán, canadiense, japonés o francés, puede comprar bonos venezolanos según le plazca (aunque actualmente, por algunas razones insondables, ni los inversionistas británicos, ni los alemanes ni los canadienses ni los japoneses ni los franceses, están mostrando un apetito masivo por bonos venezolanos).

No obstante, más al punto, la crisis económica de Venezuela empezó años atrás, antes de que incluso esas sanciones menores siquiera fueran discutidas. La economía ya se había contraído en el 2009 y el 2010 (already contracted in 2009 and 2010), lo cual impulsó, al entonces presidente Hugo Chávez, a declarar una “guerra económica” contra la burguesía apátrida (an “economic war” against the “fatherland-less bourgeoisie,”), a la cual acusó de “desestabilizar” al país. Luego, la economía venezolana brevemente pareció que rebotaba, pero cayó por un despeñadero en los años 2013-14, y, desde ese entonces, ha estado en caída libre. Para el momento del establecimiento de las sanciones estadounidenses, ya se había encogido en un tercio.

Que conste: me opongo a las sanciones económicas (economic sanctions). No las estoy defendiendo. Simplemente estoy diciendo que, sanciones que son tan limitadas en su alcance, no pueden causar una crisis económica en algo como de esa escala y que, aún si pudieran, no tendrían efecto retroactivo. Podemos fechar el punto de inicio de la actual crisis, por lo menos, al 2014, y uno puede formular un buen caso datándola antes, al 2009. Y esto es si nos quedamos con el panorama macroeconómico. Las escaseces de productos básicos ya eran un tema en el 2003. ¿En qué universo posible pueden las sanciones introducidas en el 2017 causar retroactivamente todos estos problemas?

La crisis de Venezuela es enteramente de su propia fabricación (Venezuela’s crisis is entirely of its own making.) Chávez y Maduro crearon severas escaseces al imponer controles de precios y controles sobre el tipo de cambio. Han asustado a inversionistas internacionales y domésticos, al confiscar propiedad privada al zar y hacer caso omiso a la regla de la ley. Han quebrado a su país por medio de políticas fiscales imprudentes y han destruido a su moneda por medio de políticas monetarias temerarias. La crisis actual es su falta y tan sólo su falta.
Y el entusiasmo con el que sus porristas en Occidente apuntan el dedo hacia otro lugar, simplemente muestra cuán completamente esa gente ha fallado en entender cualquier lección, en la manera que sea, de su largo flirteo con el socialismo.

Este artículo se reimprimió con el permiso de CapX.

El Dr. Kristian Niemietz es el director de Salud y Bienestar del Institute for Economic Affairs de Inglaterra.